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miércoles, 29 de julio de 2009

Universo



(Matisse. Dance)

Intuía su cuerpo desnudo con las yemas de mis dedos.
Recorría con lentitud su perfil, intentando crear
una imagen en mi mente sólo con los movimientos
que mis dedos describían sobre su cuerpo.
Notaba cómo su cuerpo se estremecía;
cómo despertaba de un sueño agitado
por la calurosa noche de un Madrid de julio.
Nuestra respiración se acompasaba,
manteniendo una conversación que iba
al son de mis dedos en su piel.
Mis labios besaban su cuello con suavidad,
casi sin tocar su piel;
apenas un susurro debajo de su oreja.
En ese momento sabía que no existía otro universo;
el universo que formaban nuestros dos cuerpos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Caricias


(Julio Romero de Torres. Retablo del amor)

Las caricias del primer momento, tímidas y apenas rozando su piel con las yemas de los dedos, produjo en ella un pequeño respingo, que no consiguió otro efecto que el de reclamarme más caricias.
Acariciaba su espalda con extrema suavidad; descubría, al paso lento de mis dedos por su piel, lunares, pequeñas cosquillas en la base se su espalda. Sus brazos se abrazaban a la almohada, con la cabeza apoyada y los ojos cerrados. Sus curvas se pronunciaban con esa postura, que parecía incómoda, tan arqueada la espalda.
Sus gemidos apagados al paso de mis descubrimientos, me decían que era exactamente por ahí por dónde tenía que pasar. A ratos, acompañaba un beso a las caricias.
Sus glúteos tenían la piel de melocotón a mi paso; sus piernas se abrían cuando mis manos acariciaban sus muslos.
La sensibilidad de su piel me hablaba y me indicaba por dónde seguir.
No sé el tiempo que pasó… no me cansaban las caricias; los pasos por su cuerpo, siempre eran diferentes. Poco a poco iba adentrándome en sus secretos. Poco a poco mis dedos se humedecían con su piel y con sus labios.
La lengua sustituyó a los dedos; estos se fueron a descubrir sus más íntimas formas mientras seguían los masajes.
El deseo se transmitía en los movimientos, en los gestos.
Hace tiempo que se marchó. Su olor todavía se sentía en las sábanas, y el recuerdo de aquella noche, en la memoria de mis ojos.