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viernes, 2 de febrero de 2018
Espejo, espejito
No me miro en el espejo.
Me dicen que es lo que tengo que hacer.
"Mírate en el espejo"
"Mírate y di cosas buenas de ti"
Me miro pero sigo sin verme. Para arreglarme la barba, cuando me cepillo los dientes...
No me miro al espejo.
Pero sí cierro los ojos a menudo y pienso en mi vida.
En lo que hago cada día.
Todo va deprisa. Y yo no.
La vida va a velocidades por encima del límite
Y yo conduzco como esas personas que van despacio porque no saben qué desvío tienen que tomar.
"Eso no es mirarse en el espejo. Eso es juzgarte"
"Siempre nos juzgamos de manera cruel. Mírate en el espejo y di cosas buenas de ti"
Cierro los ojos y siento que cuando conduzco estoy siempre mirando por los retrovisores.
Fui. Y viendo mi pasado, parezco mejor que lo que fui.
Me paro a menudo y miro atrás.
"No te compares. Tú eres único"
Siempre pienso que menos mal.
A veces monto en el coche de otra persona; de copiloto. Y vivo su vida como si fuera la mía.
Casi siempre estoy soñando.
Con la vida que me gustaría si fuera otro.
Con la vida que podría tener si siempre compartiera el coche con una persona.
Con otra.
Pero no me miro en el espejo y pienso que eso no va a pasar.
Miro, me cruzo la mirada con alguien que me la mantiene y me pongo a soñar.
Pero luego cierro los ojos y me pongo en el lugar de ese ser que no conoceré.
Y sé que nada va a pasar.
Acumulo canciones, películas... teatro: libros y algún restaurante.
Lleno mi vida de cañas con personas circunstanciales que no me llamarán.
Calmo así esa sensación de silencio que llena mi presente.
"Mírate en el espejo" Me dicen.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
La desintegración del uso de las horas
La desintegración de la persistencia de la memoria (Salvador Dalí)
Ya no uso el reloj para saber qué hora es.
Alterno entre el teléfono y el ordenador porque me dan una información adicional.
Lo de menos es la hora; siempre llego pronto a la oficina; a menudo salgo tarde. Sé que es la hora de comer porque mis compañeros en bloque se levantan de sus mesas, se ponen los abrigos y desaparecen de la oficina.
A las cinco y media no hay nadie ya en sus respectivas mesas de trabajo.
Tampoco me fijo qué hora es cuando llego a casa por la noche. Como solo veo películas grabadas y ya no estoy pendiente del comienzo de nada en la televisión, no lo necesito. La radio siempre tiene sintonizada la misma emisora que escucho a todas horas. Cuando tengo hambre, me alimento según lo que tenga en la nevera. Y si no hay nada, ese día decido hacer dieta.
Puse una hora en el teléfono para que me despertara por si me quedaba dormido. Ya ni me acuerdo de la hora que puse. Cuando suena sé que tengo que irme a trabajar.
Cuando anochece, llamo por teléfono a las personas que tengo siempre en mi memoria.
Las reuniones programadas aparecen en el ordenador, recordándomelo.
Ya no necesito saber qué hora es. Mi horario lo pongo yo. O la programación del cine cuando decido ir. No hay nada ni nadie que me espere a una hora.
Alterno entre el teléfono y el ordenador cuando necesito mirar la hora porque me dan el día, el mes. El año lo recuerdo; lo miro sin querer mirarlo. No soy supersticioso: no me desagrada el 13 más que el 12 ó el 10. Pero es este año. Desde el 1 de enero de 2013. Bueno... este año ha sido un largo año desde el 11 de mayo de 2011, o desde el 12 de noviembre de 2010...o ayer mismo. Así que miro por si el año ya no es este.
El año que ya no quiero ha sido transgresor con mi estado vital. Cosas nuevas que necesitan digerirse con calma; sin tiempo definido. Hasta mi perspectiva de cómo me reconozco con los otros seres humanos ha cambiado. Sé que no soy el mismo.
Solo un deseo este año.
Voy a pedir que termine antes. Que cuando me despierte mañana sea 2014. Quitar las hojas de mi agenda, y comenzar de nuevo.
Ah... y un equipo de música.
sábado, 12 de octubre de 2013
Camino
(Monet-Sunset Puesta del sol)
Nada es igual.
Hoy mi percepción del camino es diferente.
Supongo que es la altura. Mi propia altura. De lo más pequeño y cercano al suelo, hasta lo que veo ahora.
También es lo vivido.
Por suerte, eso también cambia mi perspectiva. Si no evoluciona la mirada, dejará de sorprenderme y lo que ya has visto me parecerá monótono.
Este camino no sé dónde terminará. Es un camino sin meta definida, y sin saber lo largo y sinuoso que es. A veces eso me impide mirar a los lados y detenerme. Otras no me permite mirar a lo lejos.
Voy cargando pequeñas piedras que me atraen, y que quiero que me acompañen. No suelen pesar; incluso logran hacer el camino más liviano y ligero. Al meter la mano en el bolsillo y tocar algunas, me asoma una sonrisa. La dejo en la palma de la mano y me acompaña a ratos.
Otras empiezo a pensar que pesan y que quizá es mejor dejarla en el camino. Eso sí, en un sitio visible, por si vuelvo la mirada a la senda recorrida y puedo ver la piedra a lo lejos, con otra perspectiva. Me reconforta, me duele, me hunde, me hace más fuerte, incluso me hace caminar más deprisa cuando veo ciertas piedras atrás, alejadas de mi ruta, pero siempre presentes.
Otras las pierdo. Sé que han estado, las quiero cerca pero sé que nunca más volveré a tocarlas. Creo que son las que más pesan. Las que nunca volverán a ser.
Y siempre están esas piedras que me hacen tropezar. Esas que están ahí y me empeño en tener siempre a mis pies. No puedo perderlas y aunque pienso a veces que las he dejado atrás, al girar la cabeza y mirar hacia delante, vuelven a verse.
Algunas van en mi bolsillo izquierdo. Aunque no soy zurdo, prefiero ese lado para esas piedras. Me obligan a ser más cuidadoso. Intento no apretarlas fuerte aun siendo consciente que esas piedras son las que me hacen bascular más en mi camino. Cada vez que toco una de ellas, mis emociones se alteran y el ritmo de mi caminar es más irregular.
El bolsillo derecho es más voluble. cambia de cantidad de piedras y de peso a menudo, pero no suelo me pesan mucho, salvo por necesidad.
Voy en estos momentos con unas pocas piedras. Intento mirar más el detalle del borde del camino. Me paro y me agacho. Veo las hojas del otoño pudrirse encima de una seta preciosa como la flor de un día; magnífica y llena de orgullo.
Huelo la humedad del ambiente después de un magnífico día de lluvia.
Tengo la sensación de ir más despacio. Algunas piedras aparecen en mi bolsillo como por arte de magia, están, desaparecen, hacen chas, y vuelven a aparecer a mi lado. Yo no las controlo. Y lo que me hacen sentir tampoco.
Nunca el camino ha sido muy lineal. Durante un largo tiempo pensé que casi se veía el final por lo recto que se le intuía. Pero ahora no. Ahora es mucho más sinuoso, estrecho y ancho a la vez, con matorrales bajos y frontoso. Tanto que en momentos tengo que agacharme.
Sé que hay cosas que nunca volverán a repetirse en el camino, y tengo certezas en la ruta. Sé que hay ciertas paradas en mi camino que ya no haré. Piedras que seguirán en mi mano mientras el camino siga.
Lo mejor del camino es también lo peor. No se puede volver atrás. Y cómo no puedo, ni quiero, ser consciente cada instante de ello, los tropiezos me están magullando las rodillas.
Ya nada es igual. Pero pensar que ya nada es igual es negativo, sería una percepción equivocada.
Miguel
miércoles, 14 de agosto de 2013
Gato
Ella quería un gato. Un gato de mucho pelo, tranquilo y
silencioso.
O mejor uno callejero. De los que quieren tener espacio para seguir siendo ellos.
Quizá ese fue el problema. Que ella quería un gato tranquilo,
silencioso y con mucho pelo que nos hiciera compañía. O de los callejeros. Al que pudiera querer, acariciar en las noches tranquilas de silencios prolongados.
viernes, 21 de junio de 2013
Otra mirada.
Ayer, de paso, de paseo, por Madrid; por Lavapies.
A la caza de una mirada. Ninguna encontré. Aunque uno no puede hallar lo que en realidad no quiere buscar.
Buen fin de semana.
(creo que me repito con la canción...)
A la caza de una mirada. Ninguna encontré. Aunque uno no puede hallar lo que en realidad no quiere buscar.
Buen fin de semana.
(creo que me repito con la canción...)
jueves, 28 de febrero de 2013
Remiendo
Definición de remiendo... segunda acepción: "Obra de corta entidad que se hace en reparación de un descalabro parcial."
Orbital. Sad but true.
Orbital. Sad but true.
miércoles, 23 de enero de 2013
The End
Sé que en el fondo, es mejor así.
Cuando no es recíproco.
Cuando la desconfianza y la mentira se apodera de tu mundo.
Te autoengañas; piensas que son imaginaciones tuyas.
Que hay que creer.
El tiempo no cura. Destroza tus propias convicciones.
Ahora toca olvidar.
Pero siempre es más difícil cuando al que le toca olvidar es a ti.
19 días, 500 noches...
No, los sueños rotos no dejan de ser sueños.
Y cuando se rompen como un vaso de duralex, aunque lo recoges y barres una y otra vez,
siempre hay una esquirla que se te incrusta en el alma.
Y es esa la que no te deja dormir por las noches.
A pesar de todo, siempre merece la pena vivir un sueño, aunque sea un instante.
Ahora toca navegar sin rumbo.
Respirar sin que se quiebre con el dolor.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Mentira
| (Imagen de la costa de Gerona en marzo de 2011) |
Y desde ese mismo momento, mi mentira iba creciendo. Cerré los ojos y solo veía vacío.
Nunca es tarde para darse cuenta que la mentira de mi vida era mentirme. No hay nada como un buen oleaje para sentir que las piernas te tiemblan, que el corazón bombea por encima de sus posibilidades, y que, todavía, ahora, soy capaz de sonreir.
(Arcade Fire/ Rebellion -lies-)
lunes, 12 de septiembre de 2011
Nuevo septiembre
(Francis Bacon)
Año nuevo; septiembre. Buenos deseos y sanas intenciones.
Cambio de tiempo.
Sensaciones de cambio.
Necesidad de cambio.
En septiembre hay separaciones de amores veraniegos y de amores de toda la vida. Queremos empezar de nuevo y las vacaciones o el año nuevo nos llenan de valentía. Eres la orgullosa persona que quiere ser otra.
Pasados los meses, todo parece estar igual... quizá peor.
El paso de los días, nuestra valentía se amolda a la impertinencia de la constumbre y a pensar que el cambio será para el siguiente año, para el siguiente septiembre.
Yo he cambiado. De casa, de barrio. Tengo a mi lado a quien quiero. No a otra persona. A la que lleno mis sueños.
Para empezar septiembre no está mal.
Hace dos años cambié mi tranquila vida de hombre sin amor por la aventura de saber si el amor lo podía volver a recuperar.
Y así fue.
La vida no es fácil. Mantiene su orgullosa actitud de prepotente destino, al que no es fácil cambiar.
Me tropiezo. Más de lo que me he tropezado nunca. A veces sabes que no eres feliz. Que las situaciones duelen y que no tienes el respaldo y la seguridad de una vida pasada llena de mentiras, pero quieta y sin vaivenes.
A veces soy feliz. Y sé que esa felicidad es consecuencia de mi valentía. o de dejar de ser cobarde, que quizá no es lo mismo, aunque el fin coincida.
Lo único que me desestabiliza es la falta de amor. Y la automentira.
Hace tiempo que no tengo la sensación de que el suelo por el que piso es firme y seguro. A veces cansa. Piensas si no sería mejor no ser yo, pero estar y dormir por las noches, con la seguridad que la mañana siguiente tendrás la vida que sabes que te espera.
Duermo con sueños extraños que navegan entre la duda y el miedo. Entre la desconfianza y el desamor.
Antes soñaba con amar, desear; con vivir lo que no tenía.
Mi septiembre fue en mayo. Mi vida cambió para siempre, y con ella, la de las personas más cercanas. No me arrepiento. Ahora me conozco más. No quiero decir que me guste más. No. Quizá, quien sabe, el cambio no tiene que ser para ser más feliz, encontrar el amor, o sentirme más vivo.
Quizá mi septiembre me ha servido para darme cuenta de cómo soy en realidad.
Pero para cambiar lo que no me gusta, creo que lo voy a dejar para el próximo año.
Sí... Voy a cambiar, sí...
lunes, 18 de julio de 2011
Mis oscuros pensamientos I
(tristeza. Francisco de Goya)
(Reflexiones de julio de 2011 que he recuperado en mayo de 2014, pero que he preferido publicarla en la fecha en la que fueron escritas) ¿Qué puedo decir?
¿Qué puedo hacer?
Estoy roto. Mi sueño es la realidad de los ilusos.
Me convierto en un ser inútil.
Inútil porque nada de lo que yo pueda hacer o decir va a cambiar nada.
He vivido una mentira por intentar vivir una verdad, y ahora me encuentro
en el lado del mentido.
Una vez fui el mentiroso.
El que sueña que igual puede hacer algo por cambiar las cosas, cuando
la verdad va al margen de él.
Resulta que ahora me tengo que convencer que esto es bueno. Que las cosas
así me convienen porque sino estaré solo.
Solo sin la persona que amo.
No sé si me sirve "estoy todo el tiempo contigo"
No es necesario estar lejos de uno para sentirse engañado.
Mi propia manera de sobrevivir sirve para que se alimente de ello
y lo use en mi contra.
No sé qué hacer con la vida que ahora me toca...
Estoy roto.
La confianza, debilitada en muchos momentos, se ha hecho añicos.
¿Puedo decir ya algo que me ayude a recuperarla?
sábado, 26 de marzo de 2011
Divagaciones por falta de sueño III
La persistencia de la memoria (Salvador Dalí)
Los pensamientos de la mente mantienen el resto del cuerpo despierto. A veces se distrae y permite a los ojos cerrarse, intentando llevarse consigo al resto de los miembros que me forman como animal. Pero es sólo un instante... con rapidez increible vuelve a mandar imágenes y pensamientos que obligan a los ojos a abrirse y al resto del cuerpo a estremecerse.
A veces se adormece con drogas, medicadas o bebidas, y deja que la parte más animal de mi ser salga a la luz y aparezca por ráfagas.
En esos momentos me reconozco. Sé que tras la mente atormentada de sueños imposibles y de carreras interrumpidas, está la persona que debiera despertarse tras un sueño reparador.
jueves, 24 de febrero de 2011
Veintitrés
(foto de El País. Manifestación Miguel A. Blanco)(conseguida con la ayuda inestimable de Alamut)
El mundo se mueve al margen de mi existencia.
Es un claro axioma que cada vez tengo más presente.
Los treinta años de un acontecimiento histórico me traen a la memoria lo que ese día hacía. Lo que comentaban los vecinos mientras llenaban el coche con maletas y niños dirección a un pueblo desconocido de la sierra. Un acontecimiento que todos los que teníamos algo de conocimiento de lo que esos años suponían de revolución para nuestras vidas, tenemos todavía presente.
Y todos sentíamos que estábamos haciendo historia. Yo me siento partícipe de ese momento. Escuchando la radio, viendo la tele ciega y muda. Noche en vela que todos vivimos con conciencia de algo que nos marcaba para siempre.
Después llegaron las manifestaciones. Millones de personas en la calle reclamando lo que todavía sentíamos como precario aunque ya nuestro. Años después, en las manifestaciones con las manos blancas; los silencios increibles desde cibeles hasta colón... y más.
Ahora veo los acontecimientos en la televisión. No digo ya los movimientos en los paises árabes, no. Los cercanos. La vida política, las noticias de un país que se encuentra acobardado por la ineptitud y la cobardía de los que nos representan, y mantiene baja la cabeza frente a los atropellos de los derechos básicos de la Constitución y de la dignidad misma de las personas que quieren simplemente vivir.
Desde el dia 23 de febrero, desde ese 23 del año 1981, siempre tengo la sensación de que algo va a pasar, al margen de lo que yo quiera. Un 23 se produjo la expropiación de un consorcio, el de la abeja. El 23 una operación rutinaria de un miembro de la familia, nos introdujo el significado del cáncer en nuestra familia. Un acontecimiento que sacó la tragedia de un futuro con fecha de caducidad.
Un 23 de febrero reciente marcó en mi ruta de vida un cambio en la forma de encarar las cosas. La visión clara de que uno puede estar sólo en la vida y sonreir a pesar de todo. Y mi sensación de que si no había odiado en ese instante, nunca lo volvería a hacer.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Calipso
(vista de Formentera. junio 2009)
El atardecer rojo que ilumina todo el paseo, anuncia que la tarde es ya incertidumbre y brevedad.
La lectura clara que me proporciona el día se salpica de manchas rojas y no deja perseguir las palabras que hasta ese instante leo con avidez.
La noche me empieza a iluminar, aunque no lo suficiente como para pasar página. Hasta este momento, el libro me impedía levantar los ojos de sus letras. Me tiene hipnotizada. Hace tiempo que nada escrito me mantiene en tensión durante tanto tiempo. Menos mal que estoy de vacaciones y le puedo dedicar mi espacio interior.
Vuelvo a casa con la luz temblorosa de las farolas que parecen indicarme el camino a casa. La oscuridad me asalta casi por sorpresa, y no percibo aún la luna como referencia. Recuerdo hace unos años una luna increible reflejada en el mar. Parecía iluminar toda la isla en la que en ese momento vivía.
Intento estar cerca del mar en el tiempo de vacaciones. Un libro, el mar,quizá con un poco de suerte, la luna haciéndome compañía. Es lo que necesito.
Llego a la casa que no es la mía. En estos días en los que me sirve de cueva, tengo que reconocer su silueta cada vez que entro. Ante la duda, enciendo la luz del hall.
Reconozco los muebles que salpican el salón, apago la luz e intento viajar hasta la terraza por el recuerdo instantaneo que se ha quedado en mi mente. A pesar de los tropiezos llego sin dolor de rodillas y abro la ventana al mar. Este rompe con calma pero constante sobre las pequeñas rocas que artificialmente han colocado con el inútil intento de sostener al mar en su silueta. El mar en su calma siempre cambiante me enseña su mejor rostro. El fondo tiene nubes que ayudan a limitar el cielo del agua .
La luz de la luna empieza a inundar de sombras la noche.
La luz de la luna empieza a inundar de sombras la noche.
Pienso en él. Me quiso retener. Me quiso mantener en una isla,en su isla. Creía que su sola presencia serviría para tenerme allí. Que sus regalos y sus atenciones serían suficientes. No se daba cuenta de que yo era mucho más. Que no había isla, ni océano con el tamaño suficiente como para encerrarme allí.
Intento observar de nuevo alguna arruga en el mar; alguna roca que indicara dónde se encontraba esa isla que hubiera sido mi prisión si no es por la oportuna aparición de un ser del que ya no me acuerdo, pero que me liberó, y me convirtió de nuevo en un ser sin ataduras.
¿Por qué será que le echo tanto de menos? Quizá no supo entender qué era lo que yo más deseaba. Mi libertad.
Vuelvo al libro... Es la única manera de olvidarme de él; quizá me siga esperando en la playa de la isla, pronunciando mi nombre; quizá muriendo de pena.
lunes, 10 de enero de 2011
Divagaciones por la falta de sueño

Yo le digo a mi hija que debe decir siempre la verdad.
Que la mentira no le llevará a ninguna parte. Que con la verdad llegará a todas.
Los tópicos asaltan mis labios y me dejo influenciar por las verdades que se dicen en las películas, y que hacen libre a los demás.
¿Tú no mientes nunca, Papá? "Claro que no" le miento sin titubear.
Estoy cansado de vivir pensando en la verdad como bandera, y utilizarla para mentir.
¿Me quieres? Claro que te quiero.... ¿No iba a más de 140 Km. por hora? Jamás ¿Cómo le mentiría yo a Usted?
¿Verdad? La verdad duele... Justificamos las mentiras, la mayoría de las veces, para evitar el dolor ajeno, aunque es más nuestro propio dolor el que tendemos a aliviar.
Mi desarrollo emocional, que yo creía maduro y experimentado, esta equipado con los más sofisticados recursos para sentir algo, y expresarlo de la manera más retorcida posible; o incluso ocultarlos.
Mi voz se silencia mientras martillea en la garganta las palabras que debieran salir y que no salen. Mi mente conoce perfectamente la verdad de mi realidad. Y, sin embargo, cuando pasa del pensamiento semiracional, codificado por las lineas asimétricas de lo irracional, de lo visceral, o calla, o tiende a la mentira. Es incapaz de traducir la realidad de mis sensaciones en palabras que, unidas, cobren sentido, y elaboren una frase completa.
Quizá, por poner una excusa semiintelectual, me dejé influir por la lectura de las proposiciones de Wittgenstein en el Tractatus, sobre todo la última (Yo, es que me leo el final de los libros antes de empezar como quieren los escritores) que dice algo así, como:
"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse"
Lo sé, él se refería a otra cosa, o eso creen los filósofos de la época (aunque alguno decía que "Debe ser muy interesante lo que dice, aunque no se le entiende" (he puesto comillas como si fuera literal, y es que lo recuerdo así...)con respecto a su última proposición. Pero yo he "utilizado" a Wittgenstein en mi provecho... lo siento...
Soy incapaz de hablar de mis sentimientos. Y me callo. No sé encauzarlos. Y me callo... O miento. Y expreso felicidad en el contexto en el que debiera incluir un prefijo... Y mi lenguaje no verbal es incapaz de llevarme la contraria. Sonrío. Elevo mi sonrisa por encima de mi ser y soy capaz de sonreir a ese cretino (me encanta esta palabra; qué bien que la puedo utilizar en este contexto) que me trata con desprecio en la tienda donde me he comprado unos zapatos de cien euros. Para que no se sienta mal.
Así las cosas, excepto en el trabajo, que debe ser la parte en la que sale el monstruo de mi interior, soy incapaz de llevarme mal con nadie. Sonrío a todo lo que se mueve, mantengo las formas, intento no decir ninguna palabra que duela, y si la digo me duele. Y no duermo; y tengo pesadillas...
Exagero, seguro... seguro que caigo mal a alguien; seguro que los que me llaman para contarme sus problemas, se han dado cuenta de que me cansan. Pero no puedo evitarlo...
Y, ahora ¿Qué estoy haciendo si no es hablar de mis sentimientos? No es del todo real esta afirmación. Cuento lo que me sucede cuando quiero contar algo de verdad importante. Algo por lo que debiera merecer la pena decir la verdad.
Y el caso es que, de quien debiera hablar es de Wittgenstein... Él (quien cómo Dios)sí dijo cosas realmente interesantes... creo.
viernes, 31 de diciembre de 2010

Por muchas cosas...
Por sentir a la persona que más quiero un poco más lejos de mí...
Por ver mis sueños convertidos en pesadillas...
Por no saber que los sueños son eso, y no pueden ser otra cosa...
Por intentar que los sueños sean las realidades soñadas...
Por mi incapacidad para amar.
Por no poder amar a quien durante tanto tiempo he amado.
Por tantas cosas, este año ha sido, está siendo, sin quitar la posibilidad de que tenga algún año peor, el más triste que recuerdo. Pero todo es suceptible de empeorar. Y yo pensaba que el año pasado no iba a poder superarlo...
Sin duda también he tenido momentos buenos... pero el balance ha sido negativo. No lo traslado a nadie. Sé que yo he sido parte integrante de que el año saliera así, con este color gris que sólo quiero olvidar.
Esta noche será una noche de alegría, porque este año termina. Y saldré al campo... y gritaré hasta quedarme ronco.
Feliz 2011
lunes, 22 de febrero de 2010
Jaime Sabines (Me dueles)

(Francis Bacon. Cabeza VI)
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
(Jaime Sabines)
jueves, 4 de febrero de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010

(Francis Bacon. Cabeza III)
¿No existe alguna sustancia que, al tomarla, aplaque el dolor?
No el físico.
No el que se produce después de correr sin sentido, a oscuras,
por la senda que conduce a ninguna parte, y que deja sin aliento.
No al dolor que viene por apretar los dientes con fuerza,
como si quisiera crear polvo de marfil al hacerlos chirriar.
No al dolor de una patada inoportuna en una pared que no debiera estar ahí, o sí.
Me refiero al dolor que causan los mensajes internos.
El que causa una mente obsesionada con la vacuidad de los sentimientos.
El que causa la soledad, el vacío, el desaliento, la desaparición del yo,
el gris del corazón.
La amistad me calma los dolores, sin necesidad de tomar nada que se pueda tragar junto con un poco de agua.
El amor de los que siento cerca, mitiga los escalofríos.
Y sin embargo, sé que cuando llega la noche, los fantasmas de mis dolores reaparecen. Me atrapan, me atan a la cama y, como un niño que tiene miedo a las sombras de la noche, me meto bajo las sábanas, y cierro los ojos con fuerza, para que desaparezcan… y sin embargo, están dentro de mí.
El estómago se cierra y me impide tragar, la respiración se hace corta y rápida.
El dolor me obliga a gritar en el silencio de la noche.
No hay paz, hasta que pueda doblegar esos miedos desde el mismo centro de mi alma.
(Gracias, a los que estáis. Vuestro ánimo, ayuda a mitigar el dolor; vuestro cariño se siente cerca, aún en la distancia y en la aparente frialdad del ordenador)
jueves, 28 de enero de 2010
Avanzando

Estoy en un viaje al interior de mi corazón.
Al interior de las cosas que quiero, y reconocerme de una vez por todas.
El reflejo de mi ser en el espejo no es el reflejo que quiero ver, y sentir.
No pretendo que las cosas en mi vida sean perfectas, ni que mis deseos y amores sean del agrado de los que quiero.
El viaje me lleva en caída libre hasta el fondo. Pero, a pesar de mis sentimientos negativos, de que el reflejo del espejo sólo tenga matices grises, sé que me levantaré. Que pasearé de nuevo sintiéndome orgulloso de quien soy y de cómo soy.
Que podré seguir adelante.
Ahora, las fuerzas me fallan. Me tiemblan las piernas cuando pienso en lo que me queda. Ahora está en mi mente el miedo; la sensación de que quizá me equivoqué y que no tendría que haber dado los pasos que me han llevado a estar dónde estoy.
Y sin embargo, sé que si no lo hubiera hecho, me habría arrepentido el resto de mi vida. Tenía que intentar salir de una vida que no me llevaba a reconocerme. Y a sentir que amar y amarse puede ser maravilloso.
Ahora me reconoceré con dolor. Incluso me meteré en una concha y maldeciré mi vida. Estoy seguro.
Pero, a pesar de encontrarme ahora como un zapato impar, viejo y solo, sé que encontraré mi lugar, mi sitio. Encontraré el momento en el que, al mirarme al espejo seré el que quise ser siempre.
Lo mejor de este proceso... el amor de la gente que me quiere, y que siento cerca. Cada uno a su manera.
lunes, 25 de enero de 2010
Una promesa es una promesa
(He prometido varias cosas este principio de año... una de mis promesas es intentar leer más, y escribir más. Este relato de mi viaje de fin de semana, al calor de unas cervezas está escrito a vuela pluma; Espero que os... entretenga)
(Una de mis fotos)
Una promesa es una promesa…
Sábado, veintitres. Cogí el coche ya a las once y pico de la mañana, por culpa del sueño acumulado.
Otra noche sin dormir. Ni siquiera el lexatín hace algo, salvo las primeras horas; las dos o tres primeras horas. Después, quizá la luz, que persisto en tener encendida la iluminación tenue de la mesilla; quizá los miedos que se mantienen atentos a cualquier duda en el sueño, para convertirlo en pesadilla.
Las pesadillas son tan reales, que me espabilan inmediatamente.
No puedo evitarlo; tengo miedo. Un miedo profundo y aterrador. Y no lo puedo controlar. Así que, cuando la pesadilla me despierta, la más de las veces enciendo la tele, me levanto con la garganta seca, y los ojos humedecidos. Miro el teléfono, como si a las tres de la mañana alguien pudiera acordarse de mi y llamarme.
Y, sin embargo, no me puedo levantar a la hora acordada con mi conciencia. Sólo puedo dar vueltas a mis miedos, llenarme de angustia y ahogarlo con el ruido de la televisión. Y al final, me levanto tarde.
Creo que me da más miedo el inicio del viaje que el viaje en si mismo. Una vez que estoy en marcha, a cien kilómetros de Madrid, iría a cualquier parte. Y parece que el coche se mantiene vivo, a pesar del maltrato; a pesar de su vejez, de que su ruido no me deja escuchar la música que uso para no dejarme pensar.
Para no ponerme a llorar ya en el kilómetro setenta de la Nacional dos, empiezo a soñar despierto.
Si hubiese hecho, si fuese de esta manera, habría hecho, habría dicho… Y entonces ella, él, los demás descubrirían quien soy, lo magnífica persona que soy… al menos en esos sueños.
Y sigo soñando… si me tocara la lotería, bueno, no tengo sueños alrededor de las cantidades que me tocarían, pero sí lo bueno y generoso que sería con ese dinero.
Bueno, kilómetro 140. He pasado un mal rato, pero lo he superado con cierta dignidad. Ahora, ya con fuerzas renovadas, pongo Radio nacional para escuchar la importancia de la harina para hacer pan… Fundamental.
Llego con la reserva pidiéndome a gritos que rellene de gasoil el depósito, que coincide que el hecho en una estación de servicio de Calatayud.
No quiero entrar en Calatayud. La última vez que estuve allí me fui sin pagar un café que no me llegaron a servir; así que me quedo en una gasolinera que está en las puertas de la ciudad. Un minuto para preguntar al “gasolinero” cuanto me queda de trayecto.
Mientras salgo, monto el espectáculo que sólo yo sé hacer: arrancar el coche mientras me pongo el cinturón y voy dándole un mordisco a la manzana que saco de la chistera con forma de bolsa de Mercadona.
Mis pensamientos se mantienen alterados entre la angustia, el miedo, y el vértigo.
Ese sitio le gustaría, pienso; llevo la mano derecha al asiento del acompañante, que está vacío. No quiero mirar al móvil. Lo apago. No quiero saber que no recibo llamadas.
Va a ser uno de mis primeros propósitos del año. Desengancharme del móvil… Palabra.
El desvío en Cariñena me anuncia que todavía quedan 42 kilómetros para mi primer destino… qué carretera más mala, por Dios; y con niebla… mierda, todavía, cuando llego, no veré lo que voy buscando.
A diez kilómetros de mi destino, me encuentro con ese tipo de sitios que uno estudia en la biografía de un pintor famoso, pero que nunca va porqué, ¿Quién quiere ir a Fuendetodos? Y más aún: ¿Cómo fue posible que llegará a Madrid, naciendo allí? ¿Y cómo fue posible que llegara a ser el genio que pinto, entre otras cosas “el perro semihundido”.
(Francisco de Goya. Perro semihundido)
De todas formas paro en mitad del pueblo y de la niebla.
Sólo silencio. Un coche tuneado (¿allí?) aparece entre la niebla.
No, no es el sitio dónde me apetece estar; son casi las tres y quiero parar en mi destino con calma…
Después de un rato, por fin, el destino: Belchite.
Un pueblo feo de entrada (perdón… lo que me parecía); de momento no llama la atención. Pero esconde su secreto el final de la recta.
Los restos del Belchite de antes de 1937. El Belchite que se destruyó y que nació en el mismo momento. Una ciudad que se quedó en silencio tras el asedio que se inició el día veinticuatro de agosto de ese año y que terminó los primeros días de septiembre.
No os voy a contar la historia, que ya la sabeis. Entro, solo en la calle principal de lo que fue y es ahora restos. Estoy solo; viene bien la hora y el día para la visita. Nadie a mi alrededor lo que acrecienta la sensación de desolación. La calle principal desemboca en una plaza. Es la nada con una fuente esteril en el medio. Continúo hasta la iglesia. Foto al cartel de la puerta inútil:
(Una de mis fotos)
el interior está lleno de sonidos; sonidos que se producen por el aire que entra por sus agotadas paredes. Es increible que el ruido de aquellos días traiga tanto silencio.
Ahora sigo mi camino entre mis propias lágrimas, producidas por la historia, por la ciudad o, quien sabe, si por la propia lástima que me produzco. Recuerdo, mientras sigo el paseo por Belchite, del triste protagonista de “entre copas”, sólo que sin amigos, sin su paladar, y sin amor.
Vuelvo al coche; mi hermano me interrumpe según enciendo el teléfono, con cosas terrenales. No me apetece la conversación, pero reconozco que alivia pensar que alguien me ha llamado, a pesar de todo.
Pregunto, tras ver el plano, a un hombre, simpático, pero seco. Voy a mi siguiente parada: yacimientos íberos que ya son más romanos que íberos. Mi siguiente cometido en esta vida.
Azaila… restos íberos, que tienen planta romana, pero que impresionan. Me venden la entrada con la cara de sorpresa de ver a alguien a esas deshoras, solo, intentando no parecer que lo está.
La noche me cae de repente. Yo, en medio de un lugar que casi nadie conoce, intentando sonreir con aire de “mirar que independiente soy, que mierda de independiente soy que estoy solo aquí ¿Y a quien importa? Supongo que a mi.
Mando un mensaje… sé que no habrá respuesta.
Ya en el Hotel, veo un rato una peli de Billy Wilder, y salgo con una sonrisa enorme a la calle.
Ahora, mientras escribo, apuro mi tercera Voll-damm…
El bar tiene suficiente ruido como para permitirme no escuchar que estoy pensando, a pesar de saberlo.
Lo prometido, deuda… intento vivir solo, y soportarlo.
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