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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Urgencia

Camile Corot (soledad)

"¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba..."
Jaime Sabines

viernes, 26 de febrero de 2010

Cap. 7 Rayuela. La voz de Cortázar



Además de transcribirlo en una entrada antigua, ahora descubro en Internet este capítulo leído por J. Cortázar. En la página de haylibros en Youtube encontraremos más textos que leen los autores.
Alguno más pondré en este blog.

jueves, 14 de mayo de 2009

El espejo

" La venús del espejo- Velázquez"


En la entrada anterior, titulada "El reflejo", un/a lector/a me dejó este escrito, que quiero compartir, si "desde el tercer volcán" me lo permite.
Gracias.


"Iba de paso, cuando me detuve a disfrutar de estas líneas.
Entretenida, salté de una entrada a otra, leyéndoos a todos y sorprendida del nuevo mundo que se abría ante mi; pero sobre todo agradecida por el rato que vuestros textos me estaban haciendo pasar.

Fue entonces cuando ví algo que captó mi atención.

Creí haberme equivocado por la amplia y compleja dimensión que tenía delante, pero me detuve a observar... y entonces dí con el responsable de tan inquietante misterio.

Le ví moverse justo enfrente.

Había pasado por mi lado unas cuantas veces, pero siempre intercambiábamos una mirada rápida y esquiva, de reojo. Iba y venia, desaparecía y se transformaba, por ello las veces que nos cruzábamos acababa dudando de si era quien yo creía ver…

No se porque razón pero entonces, justo en ese instante en que me detenía a pensar en todo ello, se detuvo aquí mismo, giró la cabeza y se acercó lentamente con la mirada fija en el suelo y actitud derrotada;
cuando llegó a mi altura se quitó la mascara que en ese momento llevaba puesta y parecía pesarle horrores y se lavó la cara, al principio con desgana y después con esmero.

Ese mismo día, en ese preciso instante, levantó la vista y pude ver sus ojos mirando de frente por vez primera. Allí estaban y allí se cruzaron con los míos.

Mirándonos el uno al otro nos vimos y por primera vez recordé quien era. Pese a todo, le reconocí.

Pude enlazar palabras y mirada, en un conjunto profundo y sincero,
quizá por ser ello el espejo de un alma. Y es que esta vez su mirada era limpia, directa y lo más sorprendente: confiada.

Lloraba delante de mí, perdido, desconcertado, vacío.
Parecia sentirse tan desprotegida como una rosa sin espinas...

Y entre lágrimas me preguntaba quien era hoy y quien sería mañana,

y yo en silencio reflejaba a quien por primera vez tenía delante.

Suerte."
Autor: Desde el tercer volcán