jueves, 21 de enero de 2010

2010


Edward Hopper (Summer interior)

Sentado en el sofá, que estaba orientado hacia la ventana.
La casa estaba a oscuras. No había luces en el interior de la casa, excepto las pequeñas señales que indicaban que los electrodomésticos seguían funcionando al margen de lo yo hiciera en el interior.
Notaba la siluetas de los muebles por la claridad que entraba desde la ventana, con las cortinas y las persianas abiertas, dejando desnudo el marco.
Mis ojos estaban mirando sin ver; mis oídos sin escuchar. Mi mente intentando cerrarse de pensamientos.
Hasta ese día, casi hasta ese instante, mi vida creía que tenía sentido.
Me preocupaba esta o aquella situación. Saber si ella estaba bien, y si necesitaba mi apoyo. Siempre, desde que mis pensamientos tenían sentido en mi cabeza, había vivido con y para alguien.
Hasta ese instante.
Nunca pensé que mi vida se había basado en preocuparme de los demás. Al menos, nunca tuve la sensación de que mi vida se basaba en eso. Ahora, sin la capacidad siquiera de parar mis pensamientos, me daba cuenta que no tenía nadie de quien preocuparme.
Estaba solo.
Quizá era el momento de mostrarme a mi, desnudo. Ahora que no había pensamientos, ni preocupaciones que me llevaran a dejar mi yo en segundo término, me encontraba perdido.
De repente, me tendría que mirar en el espejo, y no poner una careta, la imagen de otra persona distorsionando mi yo. Ahora estaba solo. Irremediablemente.
El vértigo me impedía ponerme de pie.
Me chillaba una voz que salía del fondo de mi estómago y que retumbaba en mi cabeza, “y ahora, ¿qué?”.
Hasta ese momento, no había estado solo.
Hasta ese momento, no había tenido tanto miedo. Y era tan real.
Las campanadas que se anunciaban en el televisor de los vecinos, anunciaron que el 2010 estaba entrando.
Yo seguía mirando la ventana, sin ver; porque ya no sabía dónde mirar.

jueves, 14 de enero de 2010

Sin reacción


(Salvador Dalí. La Persistencia de la memoria)

No podía reaccionar.
Estaba tumbado en la cama, despierto desde las 2 de la mañana. Había cumplido con mis horas de sueño, y permanecía despierto, acurrucado en la cama, mirando al gotelé de la pared de la habitación.
Una cama de 90 me permitía sentir que la cama no estaba vacía de otra persona.
La televisión que tenía en la habitación soltaba imágenes y voces que iluminaban de colores y de susurros el espacio que debería, a esa hora, estar a oscuras y en silencio.

Me proponía un juego que, siendo más joven, me servía para dormir. Intentaba mantener mi cabeza en blanco. No pensar. Mis pensamientos se mezclaban con recuerdos y con sensaciones que no quería tener. Si soy capaz de estar sin pensar cinco minutos, seguro que me quedo dormido.
Pero todo se revolvía en mi cabeza. A veces, mis pensamientos acompañaban a unos momentos de sueño, que se convertían en pesadillas, sino era capaz de manejarlas. Y si las manejaba, me despertaba.

La larga noche se cerraba oficialmente a las seis y cuarto, cuando el despertador sonaba, y yo me incorporaba y empezaba la mañana con la ducha, con un café a medio calentar, sobras de un café recién hecho la noche anterior, y con el susurro de las noticias de fondo.
Y así, noche tras noche.
Algunos días, a las seis y cuarto, mi cuerpo se negaba a reaccionar, se quedaba en silencio, junto con el despertador recién callado, sin fuerzas suficientes para levantarse y andar. Se quedaba acurrucado en las mantas, mientras mi mente se decía;
Cinco minutos sin pensar, sólo cinco minutos más, y me levanto.

A veces, el alcohol ayudaba a superar mis pensamientos, a ver las cosas de color blanco verdejo, y a no pensar qué estoy haciendo, quien soy, y qué quiero hacer. Cuando el alcohol no ayudaba, y me hacía las preguntas, un ruido ensordecedor de ideas sin sentido, de sensaciones amargas, me impedían ver más allá; sólo mi pared de gotelé, y mis miedos.

No podía reaccionar… Quizá, si dejo mi mente en blanco cinco minutos…

martes, 12 de enero de 2010

Atrapado en el tiempo



Me siento especialmente contento hoy... sí... esta escena es especialmente apropiada para el día de hoy.
He visto esta película el pasado fin de semana. No recordaba lo brillante que está Bill Murray aquí.

viernes, 1 de enero de 2010

Concierto de Año Nuevo

Marcha Radetzky (J. Strauss)
Y encima Barenboim como director

jueves, 24 de diciembre de 2009

Felices Fiestas


(Sakamoto Ryuichi - Merry Christmas Mr. Lawrence)

Para los que tienen estas fiestas como algo especial y entrañable... y para los que quieren que pasen sin causar dolor.
Para los que os acercais a mis pequeñas ventanas y os quedais un instante.
Gracias por la compañía. Gracias por estar.
Miguel

lunes, 21 de diciembre de 2009

Escalofrío


Joven en su ventana (Gustave Caillebotte)



En mi sueño, me zarandeaban como si fuera un muñeco de trapo. Alguien enorme me tenía sujeto del hombro, y su voz como lejana me advertía furioso de las consecuencias que mis actos iban a tener.
Al poco, esa voz lejana y ronca se fue transformando y percibía la voz de un niño que me advertía; aunque de una manera más perseverante y repetitiva, la voz me resultaba agradable y familiar. Lo que tienen los sueños… pensé.
Mi hija no dejaba de zarandearme mientras yo sonreía idiota al sueño que iba dejando atrás. “Papá, levanta, que ha nevado”
Por fin, cuando mi subconsciente novela terminó, me di cuenta de la realidad de aquellos zarandeos y de la voz de mi hija, ya cercana a la desesperación, reclamando atención y no dejándose asustar por mi estado.
“Ha nevado, Papá”. Qué bien, pensé, otro día de atasco... Me dejé llevar cansino con mi mano derecha cogida a su zurda, al mirador del salón.
El espectáculo, como siempre que nieva en una ciudad tan seca como mi Madrid, pegaba mi nariz a la ventana y me hacía poner la misma cara que mi hija, la misma que ponía siempre cuando la nieve mojaba Madrid.
“Es genial, ¿verdad? Lo es.
Nos quedamos un rato mirando caer copos, comentando su tamaño, y la fuerza con la que caían. Comentábamos con aire de eruditos, si terminaría por cuajar, y nos tendríamos que quedar en casa aislados durante días, o tendríamos que ir al cole y al trabajo.
Tras un rato mirando la nieve en silencio, miré a mi hija. Miraba con la conciencia blanca, sin manchas, como caía la nieve. Su mente se relajaba ante la grandeza del momento. No sé si fue el frío, la nieve, o esa mirada, pero resbaló por mi espalda un escalofrío que, ahora, con la nieve convertida en historia y agua, todavía siento.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Buscando un beso a medianoche



Hace tiempo que la vi. En marzo creo recordar. Era el último día, o la última semana que la ponían en los Golem. Quizá ahora se encuentre en algún videoclub.
A veces, y últimamente me pasa a menudo, entro en los cines y veo películas que no están en el circuito habitual. No entro por lo que la publicidad me dice, me insinua; necesito que me descubran historias diferentes... o quizá son las mismas historias, contadas de una manera original.
Un encuentro desesperado para no estar solo en nochevieja. Fotos de zapatos solos y abandonados; sin su pareja, sin su compañero.
Me la recordaron. No es la mejor película que he visto desde entonces, pero sí una buena película para recordar, y para ver con buena compañía. Y como ya no está en los cines, también para verla con una copa de vino...
Buen fin de semana.
Creo que, a pocos, pero estoy de vuelta...