martes, 12 de febrero de 2013

A 250 Kms

A doscientos cincuenta kilómetros de ti; fuera de tu área de influencia; en el silencio de la noche, en una ciudad de provincias, y tus ruidos siguen sin dejarme dormir.
Los minutos pasan con una lentitud pasmosa. Enciendo la televisión, y sigue el partido de baloncesto más largo de la historia, o el más lento.
El lexatín no sabe a tranquilidad.
Justifico la necesidad de dormir, al menos un par de horas.
Pero los minutos se mueven con la cadencia de unos lentos sesenta segundos... uno tras otro.
Buenas noches, tristeza.
Las tres treinta.
Otra noche más.

E. Hooper


miércoles, 23 de enero de 2013

The End




Sé que en el fondo, es mejor así.
Cuando no es recíproco.
Cuando la desconfianza y la mentira se apodera de tu mundo.
Te autoengañas; piensas que son imaginaciones tuyas.
Que hay que creer.
El tiempo no cura. Destroza tus propias convicciones.
Ahora toca olvidar.
Pero siempre es más difícil cuando al que le toca olvidar es a ti.
19 días, 500 noches...
No, los sueños rotos no dejan de ser sueños.
Y cuando se rompen como un vaso de duralex, aunque lo recoges y barres una y otra vez,
siempre hay una esquirla que se te incrusta en el alma.
Y es esa la que no te deja dormir por las noches.
A pesar de todo, siempre merece la pena vivir un sueño, aunque sea un instante.

Ahora toca navegar sin rumbo.
Respirar sin que se quiebre con el dolor.


martes, 11 de septiembre de 2012

Another lonely day

Inicio despacio mis pasos de nuevo por el blog.
No sé si llegaré a mañana.
Mañana es un adverbio de tiempo, así que no dispongo de los datos necesarios para saber qué pasará mañana. Es solo un intento por dar, de nuevo, pasos.

Gran canción de Ben Harper.


martes, 21 de febrero de 2012

Mañanas raras



Pastosa la boca; difícil vomitar palabras.
La mente va lenta, despierda despacio.

Mastico los pensamientos de la noche en blanco; los rumio hasta que se forma una bola enorme que tengo que expulsar. Un trago de café. Uno más. No sumo las tazas que me he tomado; supongo que si fueran piezas de fruta cumpliría los estándares que nos venden las campañas gubernamentales.
Se junta el café con la bola. Mastico de nuevo. Imágenes inventadas en mi mente. Construyo historias que forman otras. Evolucionan haciendo uso de mis recuerdos y transforman mi imaginación en un entramado complejo simulando las historias de Jane Austen.
Miro sin ver, veo lo que no quiero saber. No sé lo que quiero ver.
Amaceció el viernes por la noche, y mi cabeza ha logrado transcenderme. Es un órgano independiente de conocimiento que hace tiempo que no manejo. Ha decidido por su cuenta llevar al límite el resto del cuerpo.
Un solitario juego en el que vencer no es ganar. 
Quiere saber cual es el límite del cuerpo humano. Quiere descubrir si la falta de sueño produce monstruos.
Yo le interrumpo; le digo que no hace falta, que yo me invento los monstruos que quiera. Ni siquiera eso; hay monstruos que están ya en mis recuerdos y que son la esencia de lo maligno.
Da igual. Me quiere hundir. 
Pero recuerda, mi querida mente; no caeré solo. Tú caerás conmigo.
En fin... un día raro.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Y me dio la una


(Vettriano / Los siete pecados capitales)
 (Pensamientos oscuros leídos en mayo del 2014, pero incluidos en la fecha en la que fueron escritos)

La una... la una y cuarto.
La sensación de lejanía, de estar en un mundo que no puedo compartir, me sume en pensamientos que se depositan en el fondo oscuro de mi materia gris.
Amor propio, orgullo, frustración, dudas, desamor, mentiras, traición

... sí; sobre todo mentiras. Es la palabra que aglutina, que liga y da sentido a las otras.
No me cansa mentirme. Una y otra vez. Alguna vez conseguiré llegar a un momento de equilibrio, en el que esas palabras dejen de significar lo que intuyo, lo que sé, y me trasladen al sentimiento puro, al genuino, de cada uno de ellas.
Bastante tengo con aguantarme las ganas de salir corriendo y no parar. 

De dejar el libro de mis palabras interiores a medio leer, y quedarme con estas y regodearme con su sonido, con la sonoridad que produce cada una de ellas.

martes, 24 de enero de 2012

Aprendiendo a respirar

F. Leighton (Sol ardiente de Junio)

Algo más.
Respiraba con la boca abierta, como un pez que abre la boca, cogiendo bocanadas de vacío y olvido. El presente era pasado y futuro era una palabra que no tenía definición en mi vida.

La primera aproximación a tu mundo fue con las palabras escritas. letras llenas de sonrisas. De manos grandes y calientes jugando con bolas de nieve.

No podría imaginar ni en mis mejores días que tras el mundo paralelo que se movía al margen de mí, apareciera alguien como tú.

Después las voz a través del teléfono... llena de convicción, de saber, de conocimiento. El ritmo de tu voz era luz, vitalidad. Ganas de sonrisa y de optimismo.

No eras real. La realidad es otra cosa. Es tristeza. Es gris y atormentada. Son sueños rotos en papeles de colores que se mueven al ritmo de las mareas de gente que salen del metro con cara de disgusto.

No podías ser real. Y sin embargo, tus palabras me hacian viajar a otra realidad. Viajaba a mundos llenos de luz y alegría. Y descubría que sí. Que si miraba en el interior de la vida que ya era historia, aparecían las novelas paralelas de mi vida, dando sentido a mi existencia. No podía abandonar ni dejar a la deriva mis sueños, teniendo alguien como tú cerca.

Después de un tiempo me atreví a confirmar que esas palabras, esa voz tenían un ser corpóreo del que brotaba todo. Y sin que tuvieras que decir nada, tus ojos iluminados incluso con heridas abiertas que goteaban tristeza, me dijeron que existias. Que eras real. Que ya había llegado a puerto.
Inspiré. El olor a ti me sigue llenando de ilusión.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Mentira

(Imagen de la costa de Gerona en marzo de 2011)
En el momento de verla, supe que estaba delante de la persona que me cambiaría la vida. Me mentí diciéndome que no había nada como la quietud, la calma, la vida sin aristas.
Y desde ese mismo momento, mi mentira iba creciendo. Cerré los ojos y solo veía vacío.
Nunca es tarde para darse cuenta que la mentira de mi vida era mentirme. No hay nada como un buen oleaje para sentir que las piernas te tiemblan, que el corazón bombea por encima de sus posibilidades, y que, todavía, ahora, soy capaz de sonreir. 




(Arcade Fire/ Rebellion -lies-)