viernes, 19 de septiembre de 2008

Sueños de sofá


(Salvador Dalí-Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar)

Me senté en el sofá, me acomodé para que mi cuerpo se moviera lo menos posible. Esperaba que me acogiera y no me soltara hasta quedarme dormido, ayudado por alguna soporífera serie, algún documental de la dos, o porque el sueño de toda la semana pesaba en mis párpados, ojos, cabeza.
Al cabo de unos pocos minutos, el efecto del capítulo de la migración de los ñu, una vez pasado el momento en el que los cocodrilos, (que yo creo que son los mismos desde que por ver primera vi un documental parecido, ya con seis ó siete años y me dejara marcado) empezara a cumplir con su impagable cometido.
El calor que entraba en forma luz solar por los ventanales del salón, ayudaban a la imagen idílica del que duerme una siesta placentera… Sería un perfecto anuncio. El sueño entraba en mi cuerpo que empezaba a caer de manera caprichosa en los tentadores brazos del sofá…
Creo que era un sueño, porque todo empezaba perfecto. Sin duda era ella. No le veía la cara, no reconocía el pelo, ni esos andares sensuales que tenía al moverse; pero era ella, porque en los sueños todo se mueve añadiendo imágenes que uno tiene en el subconsciente, y que le resulta agradables. Y como era mi sueño, tenía un pelo de color cobrizo con ondulaciones que le bajaban hasta casi la cintura; su movimiento sensual obligaba a bajar los ojos a su cintura para apreciar como se movía; su ritmo, ese ritmo que tienen las mujeres y que nos encandilan, lo tenía ella en superlativo.
Se alejaba de mi sofá, así que estiré mi mano, y la miré con deseo. Y ella, que debió escuchar esa mirada, paró su contoneante movimiento, se giró, y sonrió. Vaya sonrisa. El salón luminoso parecía que estaba en penumbra cuando ella deslumbró el espacio con su sonrisa.
Empezó a acercarse, con ese movimiento que la alejaba segundos antes, y que me tenía hipnotizado. Su vestido, como un velo, apenas marcaba su pecho, que parecía desnudo, sin ataduras. Me miraba a los ojos, con ojos pardos, grandes. Las manos de ellas me indicaban que venía a por mí.
Este sueño me estaba encantando. Tenía que seguir con él, o recordarlo al despertarme.
El caso es que tardaba en llegar; no recordaba que fuera tan largo el recorrido desde la puerta hasta el sofá. Pero el espectáculo era impresionante. Ahora parecía que sus manos llevaban guantes, y se los quitaba de manera sensual mientras se acercaba; tengo que volver a ver Gilda, para recordar mejor ese desnudo de manos…
Ahora se parecía más a la Jolie, pero no; seguía siendo ella… y ya estaba cerca del sofá.
En mi sueño me iba a seducir con palabras al oído, con palabras lascivas, con la lengua en mi cuello… Me encanta mi sueño…
Se acercó, tal y como soñaba, a mi oído…¡Eh!, que se le está saliendo la baba y me está manchando el sofá, que luego me cuesta limpiarlo, hombre
Quién dijo que los sueños son para cumplirse... Mentía…

7 comentarios:

PEPE DEL MONTGO dijo...

Tus finales de relato me recuerdan "que los sueños, sueños son"

eva dijo...

hay sueños muy extraños, pero... qué haríamos sin ellos

eva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
trilceunlugar dijo...

los documentales producen esos sueños? Ahora mismo enciendo la 2

imaging68 dijo...

Nadie con Calderón para decirlo mejor que yo, Pepe.
Eva, no sé que contaría yo sin ellos. Un besazo...
Jajaja... Pon la dos, trilceunlugar, y entenderás que los sueños de la tele producen monstruos. besos

Gattaca dijo...

Tus relatos son geniales, pero es que tus finales son brillantes!! Que manera de ropmper el encanto por favor! jajaja

Muchos besos, he estado un poco desconectada por problemas de salud de mi padre pero ya vuelvo a estar en activo, eso si, para ponerme al día necesito un tiempo, no veas como le dais a las teclas no???

Corretger dijo...

Que sensuales suelen ser los sueños de una siesta en el sofá si hay una voz sugerente de fondo, aunque te hable de las migraciones de los ñu.