martes, 25 de noviembre de 2008

Frío interno


(Atardecer en otoño. Nolde)


Era un vino blanco, verdejo. Lo pedía siempre que iba a ese restaurante; fuera solo o acompañado.
Aquel día iba acompañado. Nos habíamos cruzado en alguna reunión de su empresa y la mía, y siempre coincidíamos en sonrisas y bromas. Siempre teníamos conversaciones tras las reuniones, que no trataban de trabajo. Saber del viaje de las vacaciones, de si estaba casada, de si yo salía por tal o cual barrio.
Un día, tras una de esas reuniones, me avisó que cambiaba de departamento, y que seguramente no coincidiríamos más.
¿Comemos un día? Le pregunté alardeando de un ímpetu osado que no correspondía a mi timidez. Rápidamente contestó que estaría encantada… si pagábamos a medias. Vale…
El jueves, a las dos y media.
Eran las tres menos cuarto y estábamos ya delante de las copas de vino, y brindando.
Por tu nuevo empleo… Lo he pedido por ti, me dijo. No entiendo.
Cada vez que te veo, me apetece estar contigo; no dejar de hablar y de mirarnos a los ojos. Acercarme a ti. Cada vez que nos rozamos, por estar sentados juntos, o al saludarnos o despedirnos, me suben las pulsaciones y me da ganas de olvidarme de los de alrededor y besarte.
Me quedé con la copa en la mano, mirándola con incredulidad, sabiendo que era una declaración a la que tenía que responder… Cogí su copa, y junto a la mía las coloqué en la mesa… el silencio cortaba. Ella esperaba una contestación…
En el momento en el que me acercaba a ella para besarla, una voz desde otra mesa, alejó un segundo mis pensamientos sobre ella.
Mi compañero de departamento… estaba en el mismo restaurante, en una mesa cercana, y no le había visto. Con otra persona.
Juan, hombre, qué sorpresa… qué tal si unificamos la mesa, decía mientras se sentaban y se bebían mi vino blanco, verdejo.
A partir de ese momento, la conversación deambuló por trabajo, sonrisas forzadas. Yo me fui agachando y desapareciendo en la conversación. Al terminar la comida, mi compañero se ofreció acercarla a su oficina, e insistió hasta que ella aceptó.
Al rato, me encontraba solo en mi mesa. Pedí una copa más de vino blanco, y mire a su silla vacía. Igual habría sido el amor de mi vida, pensé. Igual el amor de una tarde de primavera. El vino sabía diferente. No era afrutado sino amargo; el sabor amargo del futuro sin cambios.
Al salir del restaurante, cabizbajo, en dirección al parking, noté el frío que entra y cala los huesos. Las hojas caían con la danza del aire que crecía en las esquinas. Sonó el móvil. Hola. Hola. Quería terminar la conversación. Espero que seas feliz, le dije. ¿Y de lo que hemos hablado?¿no vamos a continuar con conversación? Me preguntó.
No sé que decirte; es difícil; los dos tenemos mundos distintos, vidas complicadas, le mentí… Ya…Bueno, adiós. Adiós.
El frío de otoño anunciaba el invierno, aunque tenía la sensación de que el frío salía de dentro.

8 comentarios:

Mencía dijo...

Me gusta el pintor que eliges ultimamente :D ... buscaré

¿Sabes queeeeee? ... es un momento entrar en calorín ... cambiamos verdejo por un vinín de ribera potente y punto pelota!!! jajajajajajajaja .... ummmmmm acbo de recordar el de Casa Gualda o ese pendiente :D del 93??? o 94? ...

Besoslindo.

imaging68 dijo...

Descubierto por casualidad, me encantan los tonos...
Y, Por supuesto, el del 94. :D
Besos

Pepe del Montgó dijo...

Amor, desamor. Eso le pasa por no arriesgar en el amor. Me parece que a él le irá mejor un ribera potente que un blanco verdejo. Coincido con Mencía en cuanto al pintor. Saludos

trilceunlugar dijo...

vaya....

Sara dijo...

Ima
de ese frio que te duelen hasta los huesos, asi se siente cuando uno es consciente de que deja escapar una oportunidad de cambio....
El vino sea de la añada que sea,si estas solo no vale nada!!!!.

besitos.

GOTIKA dijo...

me gusta leerte.
beso, asi uno en solitario.

Alma dijo...

El mismo frío que sintió ella, una pena que se den situaciones así, esa llamada de tfno. era una segunda oportunidad que el protagonista no quiso utilizar o simplemente no le interesaba.

Besos salados

La Dama Se Esconde dijo...

Cuando leemos un texto así, vemos claramente las ocasiones perdidas (o no). Pero en cada una de nuestras vidas, no todo se puede deducir así…

Biquiños