Fue una tarde. No tuve necesidad de más tiempo. Su mirada acompañaba a las palabras y las convertía en entusiasmo. Sus ojos pequeños, profundos, me hipnotizaban y no podía mirar a ningún lado salvo a su rostro. No fue más que una tarde. Una tarde de primavera. Y desde ese instante, tuve la certeza que no habría nadie como ella. Una tarde. Fui afortunado. A veces, en una vida, no tienes una tarde para recordar siempre.
3 comentarios:
A veces, incluso bastaría con una hora.
Un poema sencillo y delicioso, de verdad.
ROSA d.C
Sencillo y alentador..
No se si esa era la intención pero es lo que a mi me ha inspirado. Saludos desde la mar!
Sencillo y alentador..
No se si esa era la intención pero es lo que a mi me ha inspirado. Saludos desde la mar!
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