lunes, 29 de septiembre de 2008

The Prize (Paul Newman)



Aprovecharé este recuerdo, homenaje, a Paul Newman, un actor que marcó una manera de hacer cine entretenido, con personalidad, y que garantizaba una manera de hacer cine de calidad, y que nos dejó este fin de semana, para agradecer a
Pepe del Montgo (http://pepedelmontgo.blogspot.com)
y a eva (http://hacerloqueamelielehizoaltendero.blogspot.com)
que me concedieran premios, que no merezco.
Gracias.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Canalla


(Paul Gauguin. O taiti (nunca más))

Canalla.
Eso es lo que era. No me imaginaba que en este mundo, o en los pasados, o en los siguientes, tuviera que toparme con un ser de esa calaña. Nadie me previno de gente como esta, ni me dijo cómo me tendría que comportar.
Sólo sé que no esperaba que ese día, mientras la mañana se desplazaba lentamente en la ventana de la oficina, apareciera. Y lo hizo; mi primer impulso fue el de sorpresa. Traje impecable en un cuerpo sin arrugas. Los ojos oscuros negros como azabache, y la sonrisa de hechizar, me llevaron a un segundo impulso de saltarle a los labios, que retuve.
Era la visita del jefe. La visita que esperaba desde no sé el tiempo. Claro que balbuceo frente a alguien así; balbuceo, y mucho. Le costó entenderme y a mi explicarme.
Era él, el hombre que esperaba y que no me paré a esperar más tiempo, cuando a los 28 me casé con el que cumplía con los estereotipos… pero a los 28 no me casé enamorada… Y seguía sin estarlo. Los hombres se confunden con facilidad. Confunden lujuria, pensamiento único, con amor… y se creen que les vamos a tratar como les tratan las madres.
Pero nosotras sí lo sabemos. Sabemos quien es la persona que nos va a robar el alma, quien nos va a tratar como una mujer.
Y él, el cabrón canalla, era el elegido para mí. Me daba igual el anillo, las promesas, el sofá nuevo, y la cita de los sábados con mis amigas. Era él, y tenía que saberlo, por si no se había dado cuenta.
Así que, según salió del despacho del jefe, le acompañé al ascensor. Y encima argentino. Joder, que tendrán los argentinos, que todos tienen labia, humor, me ponen la lívido en alerta máxima.
Tengo que quedar contigo, eres el hombre de mi vida… estoy segura. Necesito que lo sepas, y que lo sientas… necesito que nos veamos, ¡¡¡¡ya!!!!
La cama con él, esas dos semanas, fue inolvidable, salvaje, doloroso, diferente. Fue lo que no era con el que me casé.
No se podía ir. Me voy. NO. Imposible. Te tienes que quedar, he dejado casa, marido, sofá, sábados con amigas, trabajo… NO te puedes ir. ¿Y mis acrobacias en la cama?
Lo siento amor. Esto es solo un sueño. No me puedo quedar. Cuando te despiertes, ya no estaré aquí.
Me desperté. Y fui la primera en entrar en el baño para llorar. ¿Qué te pasa, preguntó? Nada, cosas de mujeres, dije, y le pareció suficiente.
Esa mañana, que era como las demás, apareció él. El de mis sueños. Era él, sin duda; supongo que le vería en alguna foto de trabajo. Le miré impresionada… de nuevo mis balbuceos salieron de mi boca. Esta vez era real. Y sí, era el hombre de mi vida.
Seguro.
Después de la reunión, sucedió tal y como imaginé en mis sueños… Le acompañé hasta el ascensor, pero no le dije nada, le tendí la mano. Adiós, le dijé.
Adiós… se quedó parado. Me miró a los ojos.
¿Sabe? He soñado con usted. ¿Conmigo? Sí. Era la mujer de mi vida.
Ya, temblé, pero era un sueño.
Sí, se dijo, bajando la cabeza, lo era. La puerta del ascensor se cerró.
Era un villano. Un canalla.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cómo agua para el chocolate



Estoy películero esta tarde.
De las contradicciones de la guerra, a los placeres mundanos y divinos. La escena me cautivó. La sensación de la comida como transmisor de placeres, me recuerda que todo lo que se hace con pasión, desprende de la misma manera.
Junto con un vino, una comida así, y sentimientos y deseos por cumplir. Que disfruteis de la comida, de la cena, del desayuno...
Creo que me voy a pedir perdices.

Stanley Kubrick (Senderos de Gloria)



Hay muchas películas de guerra, con distintas ideas que mostrar. Los malos y los buenos tienen claras diferencias. En este caso, la línea es siempre más delgada. El horror, la sensación de impotencia, la hipocresia, el miedo, son situaciones que están siempre presentes en momentos que, por suerte, no he vivido, y espero que nadie viva. Aunque fuera de nuestra burbuja, fuera, las cosas son tan desoladoras como relata está impresionante película.
Creo que Kubrick ha sido uno de los directores que más me ha impresionado. Es parte de mi archivo de imágenes.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Autorretrato


(Vincent Van Gogh)

Hoy me duelen los buenos deseos.
No puedo con ellos. Hoy me pesan demasiado.
Hoy, los buenos deseos me están destrozando la sonrisa.
Quizá es demasiada responsabilidad.
Cuando se viven caminos paralelos, separados. Cuando la
vida de los que queremos se mueve entre otros sentimientos
que no me son ajenos, pero que no nos unen.
Hoy me duele pensar que sus mundos,
los que llevan en las entrañas
de su corazón, son otros.
Hoy me puede el egoísmo de los míos.
Hoy quiero ser el protagonista de los buenos deseos.
Quiero que mis deseos se cumplan; y no el de los demás.
Sé que me sentiré mal siendo egoísta;
que, al minuto, no podré mirarme al espejo,
y desearé buenos deseos, con el corazón.
Después. Ahora no.

Reflexiones de nada en particular


(Claude Monet. Otoño)

Reflexiones de nada en particular, y de hace tiempo (quizá del 2002/2003).
Hoy me encuentro un tanto... espeso, y mis reflexiones de aquella época, igual también lo eran un poco...

"Amaneció un soleado día de septiembre, fresco, con la promesa de dar ese calor de final del verano, y con el olor que se mete dentro de las sienes, el olor característico de que terminan las vacaciones.

Nunca he sabido muy bien si ese olor era un cúmulo de sensaciones que estaban dentro de mí y que se unían a los olores típicos de la época, o es que realmente todos olemos el olor a final de verano.

Esta duda cada vez la tengo más a menudo. Antes, de adolescente, estaba convencido de que existían ciertos temas, ciertos asuntos, que veía con tal claridad, que me parecía imposible que alguien no entendiese un hecho objetivo de manera subjetiva (de distinta manera a como yo lo veía). Era increíble que personas que estaban a mí alrededor estuvieran planteando las cosas de manera radicalmente distinta a como yo lo veía. Incluso no entendía como era posible que no estuvieran de acuerdo conmigo (persona que me consideraba de un sentido común envidiable –iluso yo-).

Tenía la necesidad de tener algo claro, que fuera común para todos, y me metí en una torre de Babel que daba lugar a múltiples opiniones sobre el mismo asunto. Al menos existían personajes ilustres, filósofos, que me encauzaron al ver que, si bien las opiniones son tan variadas como absurdas, al menos existe la posibilidad de llevar un método, para que, si todos lo usáramos, fuera posible llegar a la misma conclusión.

Terrible. Se llegaba a discutir si el método a emplear era el correcto, si te llevaba a la conclusión correcta, o si, como empecé a creer, no llevaba a ninguna conclusión. Empecé a ser un radical nihilista. Pero también el concepto de nihilismo se ponía a debate.

Esto me ocurría en el estado de la opinión (de mí opinión). En el estado de los juicios de valor. En el estado de mi identidad ante la sociedad. En esencia, en todos los valores. Uno de los que más me preocupaba era si tenía claro mis propios valores éticos...y no. No los tenía en absoluto. Intentaba mantener (creo que sigo con este mismo planteamiento) el criterio de Aristóteles de la virtud. Tengo que buscar siempre el punto medio; tengo la necesidad de buscar el punto equidistante entre los extremos, para buscar el punto que, al menos aparentemente, más se acerca a mi forma de pensar. Pero que no sé si es el correcto. Quizá es la manera de equivocarme lo menos posible.

Naturalmente, no es el criterio que utilizan el resto de las personas que están a mi alrededor. O Sí. Pero después tienen que añadirse gotas que van modificando la conclusión última. Gotas de prejuicios; gotas de vivencias anteriores; gotas de educación mal entendida; gotas.... De tal manera que nunca mis conclusiones se asemejaban a la de los demás. Y cuando coincidían, era bastante probable que partieran de bases diferentes (esto era esperanzador, porque significaba que existían procedimientos válidos para llegar a conclusiones, que yo entendía razonables).

Tampoco me parece ahora tan necesario que exista el pensamiento único, pero sí establecer que si las cosas se razonan de la misma manera, deberíamos tener conclusiones semejantes (¿porqué no?).

Pero no quería hablar de esto (al menos de momento)........


Amanecía, pues, un soleado día de septiembre, con olor a final de verano...el comienzo de la época más triste del año, cuando el frescor de las cosas se apaga, y vuelve a imperar el color amarillento, el rojo plomizo, el marrón. Los días tan repentinamente cortos, la sensación de que todo vuelve al sitio original de antes del verano, pero con todo por rehacer de nuevo. Es, aunque parezca un contrasentido, mi época del año favorita. Me encanta pasear por el campo, pisando esas hojas marrones recién caídas del árbol, que crujen al pasar, y llenan el bosque de una sensación de sobrecogimiento... Pasear las tardes, a punto de anochecer, cuando cae la noche y el frío, y se huele el humo de una chimenea lejana,... Uff; hace mucho que no tengo esa sensación. Incluso la sensación de miedo... sí, miedo, cuando paseas y solo escuchas tus propias pisadas, o el viento moviendo las hojas.

O en la ciudad, el olor (¿Porqué siempre el olor?) a castañas asadas, o ese ambiente de la calle céntrica, en la que se ve la expectación por entrar al cine, o entrar en una cafetería (como la que existe todavía en la plaza de Bilbao) con las mesas de mármol, el café de toda la tarde, mientras se habla con los amigos, o se habla de amor con la persona a la que tú quieres, o pretendes querer. O...

Pero no quería hablar de esto…o quizá sí."

viernes, 19 de septiembre de 2008

Sueños de sofá


(Salvador Dalí-Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar)

Me senté en el sofá, me acomodé para que mi cuerpo se moviera lo menos posible. Esperaba que me acogiera y no me soltara hasta quedarme dormido, ayudado por alguna soporífera serie, algún documental de la dos, o porque el sueño de toda la semana pesaba en mis párpados, ojos, cabeza.
Al cabo de unos pocos minutos, el efecto del capítulo de la migración de los ñu, una vez pasado el momento en el que los cocodrilos, (que yo creo que son los mismos desde que por ver primera vi un documental parecido, ya con seis ó siete años y me dejara marcado) empezara a cumplir con su impagable cometido.
El calor que entraba en forma luz solar por los ventanales del salón, ayudaban a la imagen idílica del que duerme una siesta placentera… Sería un perfecto anuncio. El sueño entraba en mi cuerpo que empezaba a caer de manera caprichosa en los tentadores brazos del sofá…
Creo que era un sueño, porque todo empezaba perfecto. Sin duda era ella. No le veía la cara, no reconocía el pelo, ni esos andares sensuales que tenía al moverse; pero era ella, porque en los sueños todo se mueve añadiendo imágenes que uno tiene en el subconsciente, y que le resulta agradables. Y como era mi sueño, tenía un pelo de color cobrizo con ondulaciones que le bajaban hasta casi la cintura; su movimiento sensual obligaba a bajar los ojos a su cintura para apreciar como se movía; su ritmo, ese ritmo que tienen las mujeres y que nos encandilan, lo tenía ella en superlativo.
Se alejaba de mi sofá, así que estiré mi mano, y la miré con deseo. Y ella, que debió escuchar esa mirada, paró su contoneante movimiento, se giró, y sonrió. Vaya sonrisa. El salón luminoso parecía que estaba en penumbra cuando ella deslumbró el espacio con su sonrisa.
Empezó a acercarse, con ese movimiento que la alejaba segundos antes, y que me tenía hipnotizado. Su vestido, como un velo, apenas marcaba su pecho, que parecía desnudo, sin ataduras. Me miraba a los ojos, con ojos pardos, grandes. Las manos de ellas me indicaban que venía a por mí.
Este sueño me estaba encantando. Tenía que seguir con él, o recordarlo al despertarme.
El caso es que tardaba en llegar; no recordaba que fuera tan largo el recorrido desde la puerta hasta el sofá. Pero el espectáculo era impresionante. Ahora parecía que sus manos llevaban guantes, y se los quitaba de manera sensual mientras se acercaba; tengo que volver a ver Gilda, para recordar mejor ese desnudo de manos…
Ahora se parecía más a la Jolie, pero no; seguía siendo ella… y ya estaba cerca del sofá.
En mi sueño me iba a seducir con palabras al oído, con palabras lascivas, con la lengua en mi cuello… Me encanta mi sueño…
Se acercó, tal y como soñaba, a mi oído…¡Eh!, que se le está saliendo la baba y me está manchando el sofá, que luego me cuesta limpiarlo, hombre
Quién dijo que los sueños son para cumplirse... Mentía…