martes, 28 de julio de 2009

Paseando


(John Singer Sargent, Hombre leyendo)

Paseaba mi mirada por la estantería de casa, sin decidirme por ninguno de los libros que se encontraban siempre dispuestos a ser adoptados por unos días, quizá semanas.
Mi pequeña despensa de libros estaba colocada de manera caótica; se entremezclaban los ya leídos, con los olvidados; los incuestionables, con los sólo mordisqueados en sus primeras hojas; los releídos y los que esperan en el banquillo de la estantería, pacientes, y esperanzados, sabiendo que en un momento de mi vida, me acompañarán en el metro, en la mesilla de la cama, y yo iré consumiendo a sorbos sus palabras.
Por alguna razón que desconozco, o no, mis libros se mantienen en cada estantería, colocados de mayor a menor, de izquierda a derecha, y, por lo general, por editoriales.
No obstante, siempre me encuentro con la estantería rebelde, que suele ser la de los libros recientemente comprados, alquilados, prestados, que dejo en una estantería concreta. Son los nuevos fichajes y creen que serán los primeros en salir de su estado inmóvil.
Pero leo sin solución de pensamientos; sin saber qué libro empezaré cuando termine el que está en mis manos. Mal síntoma si ya pienso en el libro que leeré cuando el elegido está siendo sustituido antes incluso de terminarlo.
Mis ojos se mueven de arriba abajo en la sucesión de libros; giro la cabeza para leer sus nombres; aunque con algunos, viejos amigos de facultad, no necesito hacerlo; sólo la pasta y el color me dice de quien se trata.
Siempre falta alguno, dejado a un amigo que olvida lo sagrado que es que se devuelvan los libros. Los discos y la novia no se prestan. Pero los libros, que uno piensa que ya no hacen otra cosa salvo ocupar espacio, pasado un tiempo sin ellos, sabes que necesitas tenerlo en el hueco, en ese hueco que has dejado, con su nombre escrito en el espacio.
Quizá debiera poner una marca, con una esquela; “Aquí vivió El señor Conrad, y su Corazón de las tinieblas; editorial Alianza, edición 1987. Fuimos felices mientras estuvimos juntos; estará siempre vivo en mi memoria.”
No encuentro el título que me sugiera su lectura; algunos muy pedantes; otros sabes que deberías leerlos, pero no, ese día, no.
Por fin paro. Aquí está; ni muy grueso ni muy ligero; 314 páginas; cómodo de llevar en el metro.
Mi amante de paseos. Mi guardián de soledades; mi crecimiento mental. Mi nuevo amigo para lo bueno y para lo malo.
Me siento en el sofá con el libro en mis manos. Miro de nuevo la portada; quizá tenga alguna relación con su interior, o no, pero me quedo un rato memorizando su nombre, su autor; sexta edición de 2.001 y traducido del alemán por…
Miro por la ventana, como recogiendo luz en mis ojos, cojo aire, y leo:
“Capítulo primero”.

5 comentarios:

MONICA dijo...

Bienvenida, me alegra muchísimo volver a verte y encontrar este paseo por tus libros con esa imagen del arte de Singer Sargent. Muchas gracias. Un abrazo y hasta pronto, seguimos leyéndonos.

Tesa dijo...

Hubo un tiempo en que disfrutaba recorriendo las estanterías de las tiendas de libros, eligiendo cuidadosament un par de ellos para llevarme a casa. Deseando hacerlos míos pronto y llenarme de historias contadas empezando esa primera página lo antes posible.
Supongo que eran tiempos en que los libros sustituían, en mi vida, a las personas.

imaging68 dijo...

Gracias Mónica por seguir pasando por este pequeño rincón. Nos seguimos leyendo.
Un beso

imaging68 dijo...

Espero que los libros, los blogs, las lecturas, sean ahora más un complemento a tu vida, Tesa.
Un beso

tag dijo...

Tienes razón, el devolver un libro prestado es sagrado, pero la mayoria pecan en este punto.

Si tuviera que escribir una lista de las cosas que mas me molestan de mis amigos y conocidos, esta sería sin duda una de ellas.

Pero bueno, al final pienso que deben considerarlo un regalo y si se lo quedan es porque les ha gustado, y con esto me consuelo de mi perdida.

Me alegro de ver que estas ultimamente otra vez en forma, regalandonos tus palabras que son como capitulos de un buen libro.

Un besito