viernes, 10 de octubre de 2008

Despedida


(Caspar David Friedrich. Coracero en el bosque)


(Cuacos de Yuste)(Foto de www.fotopaisajes.com)

Ya no lo hago. Hace tiempo que no viajo por esas tierras. Cuando lo hacía, mis viajes a esa zona me acompañaban una cámara, un libro, y el silencio.
Era una buena manera de compartir soledad.
El viaje, en realidad, una excusa para poder llegar a aquel lugar. Conseguí parar por la tarde, ya con las tareas terminadas. Paré el coche un poco más lejos, para poder subir la pequeña cuesta en silencio, con las palabras del viento en las hojas de los árboles centenarios.
Apenas uno o dos coches subían por allí cuando lo visitaba. La tarde pidiendo ser noche, no invitaba a subir a ese lugar, poblado de visitantes durante el día.
Siempre huele a eucalipto. Tras el vallado se encuentran unos árboles que quizá tengan los años de la edad de ese monasterio. O quizá más. Cuelgan sus ramas casi hasta el suelo; se empeñan en acercarse al cielo, y seguramente alguno se habrá asomado.
Se produce un silencio atronador mientras camino por esa zona. Los pájaros, los roedores callan esperando ver si soy cazador… hasta que me siento: en aquella piedra que hace las veces de mesa. Al rato el silencio se vuelve sonidos; aquí, allí aparecen uno detrás de otro.
Respiro hondo. Entiendo que el Rey viniera aquí, a su Monasterio, a pasar sus últimos momentos. La vida no continua hasta que pasa un coche investigando si ese recorrido es el adecuado… creo que no, porque vuelve sobre sus huellas. El tiempo se detiene de nuevo. Después de un tiempo, abro el libro…
Repaso las hojas… una dedicatoria:

“A León Werth
Cuando era niño”.

Otra dedicatoria, esta para mí:

“Solo quien fue capaz de amar
Alguna vez puede reconocerse
Capaz de querer en exceso…
Gracias por esa amistad,
Querida y consentida
Tantos años, especial…”
Y su firma.

Dejo el libro… en realidad, el libro lo he leído decenas de veces, pero me apetecía que me acompañara en mi última visita a ese lugar, en mucho tiempo. Pensé en ella.
Como tantas cosas, su amistad, como este lugar, las llevaré en el corazón.
La tarde empezó a cambiar de color… el rojizo del cielo, el frío que empezó a notarse en la piel, me decía que la visita estaba a punto de acabar…
Me acerqué a un árbol enorme que me miraba cada vez que visitaba ese lugar… con mis manos y con ayuda de una piedra, abrí un hueco junto a su tronco. Metí el libro en una bolsa y esta en el hueco. Lo tapé con la tierra que había removido, y la sellé con la piedra que me había servido de pala.
Contemplé mi singular tarea, volví a dar una vuelta con la mirada a aquella zona que me había enamorado, y me fui sin decir adiós.

12 comentarios:

Mencía dijo...

¿Por qué hay que despedirse enterrando emociones, gustitos y recuerdos?

¿Por qué no guardar ese libro en un rincón visible del alma?

Amar ... querer en exceso ... formas de VIVIR intensamente

Nootka dijo...

Qué dedicatoria tan bonita en el libro.
¿lo dejaras ahí para siempre? ¿para que lo encuentre alguien dentro de 200 años? qué bonito

Gattaca dijo...

Porqué entierras los recuerdos? son de los bonitos, tendrías que tenerlos a mano para cuando necesites de ellos... Los recuerdos que debes enterrar son los oscuros.

Eres intenso Imaging, me gusta como eres.

Besitos de siesta con sabor a café recien tomado.

Sara dijo...

Imaging
pues a mi si que me parece una buena manera de resguardar unos recuerdos.
Si el lugar va unido a la persona, es como una especie de union mas alla del tiempo.
Buen fin de semana.

besitos tiernos.

La Dama Se Esconde dijo...

Hermoso volver a esos sitios donde hemos estado ya en varias ocasiones y sentarse a pensar. Realmente hermoso.
Viajar con un libro y la cámara, esenciales. Viajar en soledad, prefiero compartir. Me siento extraña lejos de mi casa y sola.
Un libro enterrado, una amistad o un amor que ha terminado.. Las dedicatorias de los libros, con tanto texto no escrito…
Biquiños

PEPE DEL MONTGO dijo...

Se entierran o se destruyen los objetos que nos producen un recuerdo. Nunca te librarás de tus recuerdos. Efectivamente, el paraje de Yuste es para pararse a descansar, si no hay turistas.

imaging68 dijo...

Los enterraría para recordar, nunca para olvidar; y,como dice nootka, para esperar si alguien encuentra mis recuerdos.
Los recuerdos, tanto buenos como dolorosos, me acompañarán siempre.
Besos y abrazos...

trilceunlugar dijo...

si metes algo en un árbol pasa algo que no me acuerdo

eva dijo...

me gustan tus acompañantes, un libro, una cámara y el silencio.

Besitos

eva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
eva dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
eva dijo...

los comentarios suprimidos son mios que le di 3 veces si querer. Besitos